martes, 5 de noviembre de 2013

De Erasmus en los Países Bajos

Detalles de Maastricht 
Estos últimos días las redes sociales y los medios de comunicación no paran de hablar de la noticia sobre la modificación de la asignación de las becas Erasmus realizada por el ministerio de educación. Supongo que por el hecho de que soy una estudiante que estoy realizando actualmente este programa europeo la cantidad de artículos e información que me llega desde diversos grupos de Facebook y otras redes me tiene un poco saturada. Veo a estudiantes que piden movilización para que se apoye a este proyecto y se luche por la conservación de la financiación del programa. Por ello quería aportar mi mínimo granito de arena con unas palabras sobre mi frustración por la situación de mi país así como otras que sirvan para justificar por qué  merece la pena invertir en un programa como este.
A día de hoy todos conocemos la situación económica en la que se encuentra España, así que si a mí me dicen que el dinero de mi beca va a ser invertido para encender la calefacción en el instituto de mi hermana me parecerá totalmente justo y acertado (tiene 12 años y el otro día me dijo que empiezan a pasar frío en el aula). El problema reside en la distribución de nuestros impuestos, que si no se realiza equitativamente  buscando el equilibrio entre la eficacia económica y el bienestar de todos los ciudadanos, generará polémica, malestar y lo peor de todo enfrentamiento entre nosotros mismos. No podemos criticar a los estudiantes por sentir el enfado y la decepción que los Erasmus se han llevado porque les querían privar del privilegio de 100 euros al mes, cuando simplemente la dieta de un Diputado solo por desplazamiento es de 150 € por día en el supuesto de desplazamientos al extranjero, y 120 € diarios en el de viajes dentro del territorio nacional. Las comparaciones son odiosas pero este es solo un pequeño dato sobre la irracional distribución del presupuesto del Estado que se está llevando a cabo desde hace años en España con la que muchos estamos en desacuerdo.
Semana del diseño Holandés
Nijmegen, mi ciudad

No quiero posicionarme en si esta nueva ley es correcta o deja de serlo, pero simplemente me alegro que se haya aplazado al siguiente curso para no pillar desprevenido a nadie. El ministro de educación ha dicho que una de las razones para este recorte (ahora futuro) es que España es uno de los países que más estudiantes manda al extranjero, así que somos demasiados para repartir, ¿y no te has preguntado por qué? ¿Por qué los españoles buscan huir de las universidades y el sistema educativo de nuestro país?


Porque aún le queda mucho por aprender de algunos países europeos. Algunos como Holanda, en el que me hallo, ofrecen bastantes diferencias en el sistema de educación enfocadas en el desarrollo autónomo y personal del estudiante. Programas como Erasmus permiten conocer nuevas formas de aprendizaje basadas en el análisis de textos académicos, en el debate y la búsqueda de significados que van más allá de la memorización de contenidos. Los acuerdos académicos que se establecen entre universidades hacen que se convaliden contenidos diferentes de los de nuestra carrera en España, consiguiendo que nos abramos a otras áreas paralelas a las nuestras y descubriendo nuevas salidas a nuestra rama del conocimiento. En mi caso aquí estoy estudiando cultura, artes e imagen y en tan solo dos meses he tenido que aprender a escribir ensayos académicos (en inglés) ya que anteriormente en mis tres años de Publicidad y rrpp nunca me había tenido que enfrentar a una investigación académica con los requerimientos formales que ello conlleva. Me han hecho reflexionar intensamente sobre diversos temas, recapacitar en ideas que nunca me hubiera planteado cuestionar, aprendiendo a relacionarlas con casos prácticos y lo mejor de todo con libertad para elegir el tema que abordar. Gracias a esta libertad he podido escoger centrarme en las áreas que me apasionan y he disfrutado más en el proceso, lo cual me gustaría poder decir al hacer mi Trabajo fin de grado en mi universidad, el cual se cierra a unos temas determinados en varias universidades.

 Las clases fluyen de manera diferente por aquí, la participación del profesor es casi la misma que la del alumno, este aporta comentarios tanto meramente teóricos como personales sin miedo a decir algo fuera de lugar porque nadie es juzgado, todas las opiniones son bienvenidas en el aula aportando dinamismo y una continua interacción. Con este feedback que se produce el maestro en el aula disfruta, se ríe (a veces) y aprende con sus alumnos mostrándose abierto a ofrecer cualquier ayuda en lo que al desarrollo del alumno se refiere.
También fuera del aula se nota el cambio de país, los estudiantes se organizan en los Países Bajos de forma impensable en España, tienen asociaciones para todo, desde la defensa del estudiante en cualquier tipo de ámbito, para la organización de actividades culturales, sociales o deportivas, excursiones… y se reparten las funciones como si de una empresa se tratara con sus cargos especializados para cada tarea. Lo mejor es la implicación que cada uno de ellos muestra, notando este compromiso también en los trabajos grupales, donde no te preocupas de los compañeros que te han tocado porque sabes que cualquiera va a responder.
Estudiando en Holanda me doy cuenta de que este tipo de enseñanza se acerca un poquito más a la educación ideal que algunos soñábamos cuando imaginábamos nuestros años de universidad.  Así que si en España he tenido profesores que me calificaban por jugar al pasapalabra en clase y mi universidad no tiene en cuenta las calificaciones del alumno al profesor, ¿cómo no vamos a querer aprovechar esta oportunidad que nos brinda Erasmus para conocer el sistema educativo europeo? Yo animo a futuros estudiantes a que soliciten este programa, al menos en los Países Bajos se lo recomiendo.
 Silvia Romano, 
desde Radboud University, Nijmegen


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